¿Eres lo que eres… o eres lo que haces?

«Es que yo soy así».

Probablemente hayas dicho o escuchado esta frase cientos de veces. Es la excusa perfecta, el punto final a cualquier discusión sobre un rasgo que no nos gusta de nosotros mismos o de los demás. Esta idea se basa en uno de los mitos más arraigados que la psicología popular nos ha vendido: el esencialismo.

El esencialismo asume que dentro de ti habita una especie de «esencia» inmutable (tu personalidad, tu carácter, tu forma de ser) y que esta entidad interna es la causa directa de todo lo que haces. Pero, ¿y si te dijera que la psicología científica moderna plantea exactamente lo contrario? No haces las cosas porque «eres así»; más bien, que «eres así» porque haces esas cosas.

La trampa circular del esencialismo

Para entender el problema del esencialismo, tenemos que observar cómo usamos el lenguaje. Imagina a una persona, llamémosle Carlos, que levanta la voz a menudo, da golpes en la mesa cuando se frustra y suele interrumpir a los demás.

Si le preguntamos a alguien por qué Carlos actúa así, la respuesta típica será: «Porque es agresivo». Pero si luego preguntamos cómo sabe que Carlos es agresivo, la respuesta será: «Pues porque grita y da golpes en la mesa».

Este es el razonamiento circular en el que cae el esencialismo. Utilizamos una etiqueta (agresividad) para describir un conjunto de comportamientos, y luego, por arte de magia lingüística, convertimos esa etiqueta en la causa de los mismos comportamientos. Hemos inventado una «esencia» interna y le hemos dado el poder de controlar a Carlos.

El problema de ver la personalidad como algo interno que causa la conducta es que nos deja sin margen de maniobra. Si la timidez, la pereza o la irritabilidad son «lo que eres» en tu núcleo más profundo, intentar cambiar es ir en contra de tu propia naturaleza. Es una condena de por vida.

El fin del esencialismo: La perspectiva contextual

Frente a esta visión, la psicología basada en la evidencia (especialmente desde enfoques como el contextualismo funcional y el análisis de la conducta) propone una perspectiva antiesencialista.

Desde este prisma, la personalidad no es una cosa que tienes dentro; es una palabra que usamos para resumir cómo te comportas habitualmente.

No existe una «fábrica de timidez» en tu cerebro que te obligue a quedarte callado en las fiestas. Lo que existe es un patrón de comportamiento en un contexto determinado. Eres un organismo interactuando constantemente con tu entorno, y tu historia de aprendizaje, junto con las circunstancias presentes, determinan lo que haces.

Esto cambia radicalmente la ecuación:

Visión EsencialistaVisión Contextual (Antiesencialista)
La personalidad causa la conducta.La conducta repetida define lo que llamamos personalidad.
El rasgo es interno, fijo e inmutable.El comportamiento es moldeable e interactúa con el ambiente.
«Soy una persona ansiosa».«Tengo el hábito de reaccionar con ansiedad en estas situaciones».
El foco está en descubrir «quién eres».El foco está en analizar «qué haces y en qué circunstancias».

Eres un verbo, no un sustantivo

Entender que eres lo que haces en contexto, y no una esencia estática, es profundamente liberador.

Si asumes que no eres un desastre, sino que haces cosas desorganizadas en ciertos momentos (quizás cuando estás estresado o cuando no tienes un sistema de apoyo), entonces puedes intervenir. Puedes cambiar el contexto, puedes aprender nuevas habilidades y puedes alterar el patrón.

La personalidad, vista sin el filtro del esencialismo, no es un destino escrito en piedra. Es simplemente la estela que deja el barco de tu comportamiento al navegar por las aguas de tu entorno. Al tomar el timón y cambiar tus acciones, poco a poco, cambias la estela.

Dejas de ser un sustantivo cerrado y terminado, para convertirte en un verbo en constante desarrollo.

Imagen generada por IA

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