Cuando el “si yo pude, tú también” deja de ser fe y se vuelve daño

“Si yo pude salir adelante, tú también puedes. Sólo necesitas orar más.”

La frase suena bien.

Suena espiritual.

Suena esperanzadora.

Y, sin embargo, puede ser profundamente dañina.

Desde mi experiencia tanto en el acompañamiento clínico como en la formación teológica y de consejería, he visto cómo esta idea —bien intencionada— se repite una y otra vez frente al sufrimiento humano. No como pregunta, no como acompañamiento, sino como respuesta final.

No porque la oración sea inútil —no lo es—, sino porque cuando esta frase se usa como explicación total del dolor, deja de ser fe y se convierte en una forma sutil de violencia espiritual.

El problema no es el testimonio, es cuando se vuelve método

El testimonio personal tiene valor.

Puede inspirar, animar y dar esperanza.

El problema comienza cuando una experiencia individual se eleva a regla universal.

Cuando alguien dice “si yo pude, tú también”, está asumiendo —aunque no lo diga explícitamente— que las condiciones son las mismas, que el sufrimiento tiene la misma causa y que el proceso debería ser igual.

Y cuando no hay resultados, el peso recae sobre quien sufre.

Aquí ocurre un error fundamental: confundir experiencia con conocimiento normativo.

Lo que funcionó en una persona no explica automáticamente el dolor de otra. El testimonio no es una teoría del cambio, ni una evaluación del sufrimiento ajeno, ni mucho menos un criterio moral para medir la fe de alguien más.

Cuando la espiritualidad se convierte en culpa

El mensaje implícito detrás del “solo ora más” suele ser este:

“Si no mejoras, algo estás haciendo mal.”

“Si sigues sufriendo, tu fe es insuficiente”.

Esto produce lo que muchas personas viven en silencio: culpa espiritualizada.

La persona deja de preguntarse “¿qué me está pasando?” y comienza a preguntarse “¿qué me falta?”, “¿por qué Dios sí ayudó a otros y no a mí?” o “¿qué estoy haciendo mal como creyente?”.

En lugar de alivio, aparece vergüenza.

En lugar de acompañamiento, aislamiento.

Y muchas veces, el sufrimiento no solo continúa, sino que se profundiza.

El error de reducir al ser humano a una sola dimensión

Este enfoque parte de una antropología reduccionista:

el ser humano entendido únicamente como “alma que ora”.

Pero las personas también son cuerpo, sistema nervioso, historia, aprendizajes, vínculos, contexto y, muchas veces, el riesgo de trauma.

Reducir todo dolor a un déficit espiritual no es fe; es simplificación peligrosa.

No todo sufrimiento se resuelve con más oración, así como no toda enfermedad se resuelve con más fuerza de voluntad. La fe no elimina la complejidad humana; la reconoce.

¿Esto es consejería cristiana?

Aquí es importante hacer una distinción necesaria.

Lo que muchas personas han experimentado no es necesariamente “consejería cristiana” en un sentido serio, sino formas de consejería testimonial, moralismo religioso o espiritualización apresurada del dolor.

No todo lo que usa lenguaje cristiano es bíblicamente responsable.

Una distinción clave: enfoques populares y acompañamiento responsable

El acompañamiento bíblicamente responsable no se basa en frases como “a mí me funcionó”, “haz lo mismo que yo” o “si no cambia, es tu culpa”.

Se basa en una comprensión más amplia del ser humano, del sufrimiento y del proceso.

No promete resultados inmediatos ni mide la fe por la ausencia de dolor. Reconoce límites, procesos y tiempos.

La diferencia es sutil, pero crucial:

El testimonio dice: “mira lo que yo logré”.

El acompañamiento responsable dice: “mira cómo comprendemos y sostenemos el sufrimiento humano”.

El daño no siempre es intencional, pero sigue siendo daño

La mayoría de quienes dicen “solo ora más” no quieren herir.

Quieren ayudar.

Pero la buena intención no elimina el impacto.

Cuando una persona deja de buscar ayuda, cuando aprende a ocultar su dolor para no ser juzgada o cuando interpreta su sufrimiento como fracaso espiritual, algo se ha roto.

Y eso debería preocuparnos.

Acompañar no es dar respuestas rápidas

Acompañar el sufrimiento es incómodo.

Exige escuchar sin recetas.

Exige tolerar el misterio.

Exige admitir que no siempre tenemos respuestas simples.

Pero justamente ahí se juega la ética del cuidado.

La fe no está llamada a silenciar el dolor, sino a caminar con él.

No a explicarlo rápidamente, sino a sostener a quien sufre.

Una pregunta necesaria

Antes de decir “si yo pude, tú también”, tal vez valga la pena preguntarnos:

¿Estamos acompañando el sufrimiento…

o solo defendiendo nuestras respuestas rápidas?

Porque cuando la fe deja de escuchar, deja de sanar.

¿Las decisiones son «buenas» o «malas»?

Depende desde qué perspectiva las analices, la mayoría de las personas y sociedades sí hacen juicios sobre decisiones como «buenas» o «malas» basándose en normas culturales, leyes, o ética común, pero eso pertenece a un ámbito de filosofía moral, lo cual en gran parte de los casos genera culpa, comportamientos sobrecompensatorios y manipulación bilateral.

Pero en general, la psicología tiende a evitar juicios morales absolutos sobre las decisiones. En su lugar, se centra en comprender los procesos de toma de decisiones, sus efectos en el bienestar psicológico, y cómo las personas perciben y evalúan sus propias decisiones y las de los demás.

La psicología puede proporcionar herramientas para evaluar los consecuentes y las consecuencias de las decisiones en términos de salud mental, adaptación y funcionamiento social, pero generalmente evita etiquetar las decisiones como universalmente «buenas» o «malas».

La destigmatización de las decisiones es un tema importante en psicología, con implicaciones significativas para el bienestar individual y social. Veamos algunos aspectos clave:

Impacto del estigma:

  • El estigma asociado a ciertas decisiones puede causar estrés, ansiedad y depresión.
  • Puede llevar al aislamiento social y a evitar buscar ayuda cuando se necesita.

Contextualización de las decisiones:

  • La psicología enfatiza la importancia de entender el contexto en el que se toman las decisiones.
  • Factores como el entorno, las experiencias pasadas y los recursos disponibles influyen en las elecciones.

Teoría de la atribución:

  • Esta teoría explica cómo las personas interpretan las causas de los comportamientos y eventos.
  • Destigmatizar implica reducir las atribuciones negativas hacia las decisiones de otros.

Psicología del error:

  • Reconocer que los errores son parte natural del aprendizaje y crecimiento humano.
  • Promover una cultura que vea los «errores» como oportunidades de aprendizaje.

Terapia cognitivo-conductual:

  • Ayuda a las personas a identificar y cambiar pensamientos negativos sobre sus decisiones.
  • Fomenta una perspectiva más balanceada y menos autocrítica.

Inteligencia emocional:

  • Desarrollar la capacidad de entender y manejar las emociones propias y ajenas.
  • Ayuda a responder de manera más empática a las decisiones de otros.

Psicología positiva:

  • Enfocarse en las fortalezas y el crecimiento personal en lugar de en los «errores».
  • Promover la resiliencia y la capacidad de recuperación tras decisiones difíciles.

Educación y conciencia pública:

  • Aumentar la comprensión sobre los procesos de toma de decisiones y sus complejidades.
  • Fomentar una sociedad más comprensiva y menos juzgadora.

La destigmatización de las decisiones no solo beneficia a los individuos, sino que también puede llevar a una sociedad más empática y abierta, donde las personas se sientan más cómodas buscando ayuda y aprendiendo de sus experiencias.

Referencias

Beck, J. S. (2011). Cognitive behavior therapy: Basics and beyond. Guilford Press.

Goleman, D. (2006). Emotional intelligence. Bantam.

Lerner, J. S., Li, Y., Valdesolo, P., & Kassam, K. S. (2015). Emotion and decision making. Annual Review of Psychology, 66, 799-823.

Neff, K. D. (2011). Self‐compassion, self‐esteem, and well‐being. Social and Personality Psychology Compass, 5(1), 1-12.

Seligman, M. E. P., & Csikszentmihalyi, M. (2000). Positive psychology: An introduction. American Psychologist, 55(1), 5-14.

Separar las Creencias Personales del Modelo Terapéutico: Un Imperativo Ético

En el campo de la terapia, es fundamental que los terapeutas mantengan una distinción clara entre sus propias creencias y valores personales y el enfoque terapéutico que aplican. Mezclar estos dos aspectos puede socavar la integridad del proceso terapéutico y potencialmente causar daño al cliente. En este ensayo, exploraremos las razones por las cuales es crucial que los terapeutas eviten imponer sus creencias personales en la terapia y, en su lugar, adhieran fielmente a los principios y técnicas del modelo terapéutico elegido.

En primer lugar, el objetivo primordial de la terapia es ayudar al cliente a alcanzar sus metas y abordar sus desafíos de una manera ética y efectiva (Corey, 2017). Cuando un terapeuta impone sus propias creencias o valores, corre el riesgo de desviar la atención del cliente y de sus necesidades específicas. Esto puede llevar a una terapia sesgada y potencialmente ineficaz, ya que el enfoque se centra en las preocupaciones del terapeuta en lugar de en las del cliente.

Además, los modelos terapéuticos establecidos están respaldados por investigaciones científicas y han demostrado su efectividad a través de pruebas rigurosas (Baer, 2019). Al adherirse a estos modelos, los terapeutas garantizan que están utilizando técnicas y enfoques validados empíricamente, lo que aumenta las posibilidades de un resultado positivo para el cliente. Si un terapeuta incorpora sus propias creencias personales, puede comprometer la integridad del modelo terapéutico y socavar la base científica que lo sustenta.

Otro aspecto crucial es el respeto por la autonomía y la autodeterminación del cliente (American Psychological Association, 2017). Al imponer sus creencias personales, el terapeuta corre el riesgo de infringir los derechos y la libertad de elección del cliente. Esto puede generar una dinámica de poder desigual y socavar la confianza y la alianza terapéutica, elementos fundamentales para el éxito de la terapia.

Finalmente, mezclar creencias personales y modelo terapéutico puede plantear problemas éticos y legales (Pope & Vásquez, 2016). Dependiendo de la naturaleza de las creencias impuestas, un terapeuta podría estar violando los códigos de conducta profesional. Esto no solo pone en peligro la relación terapéutica, sino que también puede dañar la reputación y la credibilidad del terapeuta y de la profesión en general.

En conclusión, es imperativo que los terapeutas mantengan una separación clara entre sus creencias personales y el modelo terapéutico que practican. Al hacerlo, garantizan que la terapia se centre en las necesidades y metas del cliente, que se utilicen técnicas respaldadas por la investigación y que se respete la autonomía y la autodeterminación del cliente. Además, evitan problemas éticos potenciales. En última instancia, esta separación es esencial para mantener la integridad del proceso terapéutico y asegurar el bienestar del cliente.

Referencias

American Psychological Association. (2017). Ethical principles of psychologists and code of conduct. https://www.apa.org/ethics/code/

Baer, R. A. (2019). Evidence-based mindfulness practices for a diverse world. En I. Ivtzan (Ed.), Handbook of mindfulness-based programmes: Mindfulness intervention from education to health and therapy (pp. 35-52). Routledge.

Corey, G. (2017). Theory and practice of counseling and psychotherapy (10th ed.). Cengage Learning.

Pope, K. S., & Vásquez, M. J. T. (2016). Ethics in psychotherapy and counseling: A practical guide (5th ed.). John Wiley & Sons.